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    <title>Rosario Nuestro</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-07-25T22:24:03+00:00</updated>
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            Newell’s ganó con autoridad, pero volvió a sufrir por no saber cerrar el partido
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/w44tv8fqYun9JT1hIaAzzjlSIs0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/matias_coccaro.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Mauro Yasprizza.</p><p>La Lepra derrotó 1 a 0 a Talleres en el inicio del torneo. Fue superior durante gran parte del encuentro, presionó bien y generó las mejores situaciones, aunque después del gol retrocedió demasiado y terminó dependiendo de una actuación decisiva de Josué Reinatti.</p><p>Newell’s comenzó el campeonato con una victoria justa y necesaria. Se impuso por 1 a 0 ante Talleres en el Coloso Marcelo Bielsa, mostró una idea clara durante buena parte de la tarde y consiguió tres puntos importantes para empezar a construir confianza.</p><p>El equipo rojinegro fue mejor que su rival. Lo incomodó desde la presión, recuperó la pelota en campo contrario y tuvo las oportunidades más claras. Sin embargo, volvió a mostrar dos problemas que deberá corregir cuanto antes: la falta de contundencia y la tendencia a retroceder demasiado cuando consigue ponerse en ventaja.</p><p>Durante el primer tiempo, Newell’s logró imponer el ritmo del partido. No dejó salir con comodidad a Talleres y consiguió que el conjunto cordobés jugara lejos del arco defendido por Reinatti. La presión fue ordenada, intensa y, por momentos, muy efectiva.</p><p>Facundo Guch mostró movimientos interesantes, Jerónimo Gómez Mattar aportó precisión en la pelota detenida y los laterales encontraron espacios para proyectarse. El equipo tuvo profundidad, llegó por las bandas y logró generar peligro con distintas variantes.</p><p>Lo único que faltó fue el gol.</p><p>La Lepra hizo méritos suficientes para irse al descanso en ventaja, pero volvió a fallar en la definición. Generó situaciones, pisó el área y obligó a Talleres a defender cerca de su arquero, aunque no consiguió transformar esa superioridad en el resultado.</p><p>La diferencia llegó en el segundo tiempo. Matías Cóccaro cambió por gol un penal y le dio a Newell’s la ventaja que ya había merecido durante la primera parte.</p><p>Hasta ese momento, el equipo había jugado un partido serio. Presionaba, disputaba cada pelota y mantenía a Talleres lejos de su arco. Sin embargo, después del 1 a 0 cambió la postura.</p><p>Newell’s dejó de presionar con la misma intensidad, perdió metros y comenzó a defender demasiado cerca de Reinatti. En lugar de aprovechar los espacios que dejaba un rival obligado a adelantarse, se replegó y le entregó la iniciativa.</p><p>Ese retroceso hizo que el partido terminara siendo mucho más complicado de lo necesario. Talleres creció, acumuló jugadores en ataque y estuvo cerca del empate. La Lepra pasó de controlar el encuentro a resistirlo.</p><p>En ese tramo apareció Reinatti.</p><p>El arquero tuvo un segundo tiempo sobresaliente y fue determinante para sostener la victoria. Respondió en los momentos más difíciles, transmitió seguridad y evitó que Talleres encontrara un empate que, por el desarrollo general, habría resultado injusto.</p><p>Su actuación explica buena parte del resultado, pero también deja una advertencia. Newell’s no puede depender siempre de su arquero para defender una ventaja mínima, especialmente en partidos que consigue manejar durante largos pasajes.</p><p>El triunfo representa un buen punto de partida. El equipo mostró intensidad, compromiso y una idea reconocible. También dejó en claro que conoce sus limitaciones y que está dispuesto a competir desde el esfuerzo colectivo.</p><p>No le sobra nada, pero pelea cada pelota.</p><p>Ese espíritu puede transformarse en una fortaleza. Para que alcance, deberá mejorar la eficacia frente al arco y aprender a cerrar los partidos con mayor tranquilidad. Defender una ventaja no significa refugiarse dentro del área ni renunciar por completo al ataque.</p><p>Newell’s ganó bien porque hizo más que Talleres. Fue protagonista, generó las mejores oportunidades y encontró el premio que buscó desde el comienzo. Después sufrió porque se metió atrás y dejó crecer a un rival que parecía controlado.</p><p>El inicio fue positivo. La victoria permite trabajar desde otro lugar y ayuda a fortalecer la confianza. Ahora el desafío será sostener lo bueno, corregir los errores y entender que, muchas veces, la mejor manera de defender un resultado es seguir jugando.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/w44tv8fqYun9JT1hIaAzzjlSIs0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/matias_coccaro.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Opinión. Por Mauro Yasprizza.]]>
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                <published>2026-07-25T22:24:03+00:00</published>
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            El legado no se pierde por una final
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                <![CDATA[Rosario Nuestro ]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2wBGjUS2gPJa8pD6agJwbLtCeH0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/lionel_messi_final_2026.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Mauro Yasprizza.</p><p>Argentina perdió una final, pero no perdió su historia. El partido que había que ganar, el que tenía una carga emocional distinta, se ganó frente a Inglaterra. Lo de ayer ante España podía pasar. Pasó. Dolió. Pero no alcanza para borrar todo lo que construyó esta selección bajo la conducción de Lionel Scaloni.</p><p>Una derrota no puede pesar más que ocho años de alegrías, de reconstrucción y de identidad. Mucho menos cuando enfrente hubo un rival de enorme jerarquía, con juventud, talento y una idea de juego consolidada. Argentina compitió hasta el final. No le alcanzó, pero volvió a estar donde todos quieren estar y casi nadie logra llegar.</p><p>El fútbol tiene esa crueldad. Obliga a elegir un ganador incluso cuando los dos equipos hicieron méritos. Durante días se analiza una final, se buscan responsables, se cuestionan cambios y se discuten planteos. Es parte del juego. Lo que no debería entrar en discusión es el legado de esta generación.</p><p>La Scaloneta dejó de ser solamente un equipo. Se convirtió en un sentimiento popular, en una manera de creer y en una historia compartida entre jugadores e hinchas. Recuperó una selección que estaba golpeada, la hizo campeona y volvió a llevarla a lo más alto. Ganó la Copa América, la Finalissima, el Mundial y aprendió a competir en cada escenario, incluso en los más difíciles.</p><p>Scaloni construyó todo eso sin grandes discursos. Con trabajo, con equilibrio y con la capacidad de formar un grupo que entendió que la camiseta estaba por encima de cualquier nombre. Incluso cuando tuvo a Lionel Messi, el mejor de todos, supo armar un equipo alrededor suyo y no una selección dependiente de un solo hombre.</p><p>Y Messi es Messi. No hace falta buscar demasiadas palabras. Llegó a este Mundial con 39 años, volvió a conducir al equipo y demostró que su presencia sigue cambiando los partidos, los rivales y la esperanza de todo un país. Tal vez haya sido su última gran función con la selección. Tal vez no. Eso lo decidirá él.</p><p>Lo concreto es que Argentina volvió a jugar una final del mundo. Y llegó hasta allí después de haberlo ganado todo. Ese dato no puede transformarse en costumbre, porque no lo es. Las finales se disfrutan, se sufren y algunas veces se pierden. El error sería creer que llegar es una obligación.</p><p>Habrá tiempo para renovar nombres, corregir errores y pensar en el futuro. Habrá jugadores que se despedirán y otros que deberán tomar la posta. También llegará el momento de discutir si el ciclo necesita cambios o si todavía tiene energía para continuar.</p><p>Pero hoy la mirada debería ser otra. Esta selección no merece reproches rápidos ni condenas exageradas. Merece reconocimiento. Porque volvió a emocionar, volvió a competir y volvió a poner a la Argentina en el centro del fútbol mundial.</p><p>España se llevó la copa. Argentina se quedó con una herida. Pero el legado sigue intacto.</p><p>La final se perdió. La historia, no.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2wBGjUS2gPJa8pD6agJwbLtCeH0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/lionel_messi_final_2026.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Opinión. Por Mauro Yasprizza.]]>
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                                <updated>2026-07-20T12:19:09+00:00</updated>
                <published>2026-07-20T12:19:07+00:00</published>
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            La camiseta que guarda la memoria de un país: Argentina volverá a vestir de azul frente a Inglaterra
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/X3CUy6ZrxDhU4GEbCuJ43Pf22EU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/argentina_azul_inglaterra.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Mauro Yasprizza.</p><p>La Selección utilizará la indumentaria alternativa en la semifinal del Mundial 2026. No será una camiseta más. Es la misma que quedó unida para siempre al legado de Diego Maradona, al Mundial de México 1986 y a un enfrentamiento que, para los argentinos, nunca pudo desprenderse del recuerdo de la Guerra de Malvinas.</p><p>Hay camisetas que identifican a un equipo.</p><p>Y hay otras que terminan identificando una época.</p><p>Cuando la Selección argentina salga a jugar este miércoles la semifinal del Mundial 2026 frente a Inglaterra, en Atlanta, no vestirá la tradicional celeste y blanca. Lo hará con la camiseta azul, un uniforme que con el paso del tiempo dejó de ser una simple alternativa para convertirse en uno de los símbolos más poderosos de la historia del fútbol argentino.</p><p>La confirmación de la FIFA despertó inmediatamente una asociación inevitable. Cada vez que Argentina enfrenta a Inglaterra con esa camiseta, la memoria viaja casi cuarenta años hacia atrás.</p><p>Viaja al estadio Azteca.</p><p>Viaja a Diego Armando Maradona.</p><p>Y viaja, también, a una historia mucho más profunda que un partido de fútbol.</p><p>Cuatro años antes de aquel Mundial de México, Argentina e Inglaterra habían protagonizado la Guerra de Malvinas. El conflicto bélico de 1982 dejó cientos de muertos, miles de familias atravesadas por el dolor y una marca que continúa presente en la memoria colectiva de los argentinos. El fútbol nunca fue una revancha de aquella guerra ni puede confundirse con ella. Pero tampoco logró escapar a la carga emocional que acompañó cada enfrentamiento entre ambos países desde entonces.</p><p>Por eso, aquel 22 de junio de 1986 terminó ocupando un lugar único.</p><p>Argentina derrotó 2-1 a Inglaterra en los cuartos de final. Maradona convirtió primero el gol conocido como la “Mano de Dios” y, apenas unos minutos más tarde, escribió una de las obras más extraordinarias que produjo este deporte: el “Gol del Siglo”. La camiseta azul quedó congelada para siempre en esas imágenes. Desde entonces dejó de ser una prenda de recambio para transformarse en un emblema.</p><p>Doce años después, volvió a aparecer frente al mismo rival. En Francia 1998, el seleccionado dirigido por Daniel Passarella eliminó a Inglaterra en la definición por penales después de empatar 2-2. Carlos Roa fue el héroe de aquella noche y la camiseta volvió a sumar otro capítulo feliz.</p><p>No todos los antecedentes fueron favorables. En 1966, Argentina cayó 1-0 en un partido que quedó marcado por la expulsión de Antonio Rattín, histórico capitán de la Selección, fallecido recientemente, en una de las decisiones arbitrales más controvertidas que recuerdan los Mundiales. En Corea-Japón 2002, Inglaterra volvió a imponerse por 1-0 con un penal convertido por David Beckham.</p><p>El partido del miércoles será el quinto cruce mundialista entre ambos seleccionados y el primero en 24 años. También será la primera vez que Lionel Messi dispute un encuentro oficial frente a Inglaterra con la Selección mayor. A los 39 años, el capitán volverá a jugar una semifinal del mundo llevando sobre los hombros una camiseta que carga con parte de la historia del fútbol argentino.</p><p>No existen las camisetas milagrosas.</p><p>Los partidos se ganan jugando.</p><p>Los Mundiales no entienden de supersticiones.</p><p>Pero el fútbol también vive de sus símbolos.</p><p>Y pocos símbolos pesan tanto como esa camiseta azul.</p><p>Porque hay colores que representan un uniforme.</p><p>Y hay otros que representan un recuerdo.</p><p>Cuando Argentina cruce la mitad de la cancha vestida de azul, millones de argentinos no verán solamente a once futbolistas persiguiendo una pelota. Verán pasar, en un mismo instante, a Maradona escapando entre ingleses, a Rattín caminando hacia un vestuario que no quería pisar, a los héroes de Malvinas que nunca regresaron y a un país entero aferrado a una de las pocas certezas que todavía conserva el fútbol: que la memoria también sabe jugar los partidos más importantes.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/X3CUy6ZrxDhU4GEbCuJ43Pf22EU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/argentina_azul_inglaterra.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Opinión. Por Mauro Yasprizza.]]>
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                                <updated>2026-07-13T15:42:55+00:00</updated>
                <published>2026-07-13T15:39:35+00:00</published>
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            Argentina vuelve a estar entre los cuatro mejores, pero necesita recuperar su mejor versión
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2yI_cxIDjFVl-6g5tryqjmzLius=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/argentina_vs_suiza_2026.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Mauro Yasprizza.</p><p>La Selección volvió a meterse en una semifinal del Mundial y confirmó la vigencia de un ciclo que ya es extraordinario. Sin embargo, el equipo sigue mostrando aspectos que deberá corregir si pretende volver a jugar una final.</p><p>Hay logros que, de tanto repetirse, corren el riesgo de parecer normales. Y no lo son.</p><p>Que Argentina vuelva a instalarse entre las cuatro mejores selecciones del mundo es una prueba de continuidad, de trabajo y de una competitividad poco frecuente. En un fútbol cada vez más parejo, sostener un proyecto ganador durante tantos años es una excepción. Los ciclos suelen desgastarse, los rivales encuentran respuestas y las renovaciones no siempre ofrecen las mismas garantías. Sin embargo, esta Selección sigue compitiendo en la élite.</p><p>Ese recorrido, por sí solo, merece ser valorado.</p><p>Pero reconocer la dimensión de este proceso no implica dejar de analizar lo que ocurre dentro de la cancha. Porque Argentina volvió a ganar, aunque otra vez dejó señales que invitan a la reflexión.</p><p>Después de ponerse en ventaja frente a Suiza, el partido parecía ofrecer el escenario ideal para controlar la pelota, administrar los tiempos y hacer valer la calidad técnica de sus futbolistas. Sin embargo, ocurrió lo contrario. El equipo retrocedió, cedió la iniciativa y permitió que el rival creciera. El encuentro volvió a jugarse demasiado cerca del arco argentino.</p><p>No fue un episodio aislado. Ya había sucedido en el partido anterior y empieza a convertirse en una conducta repetida.</p><p>Llama la atención porque la mayor fortaleza de esta Selección nunca fue resistir. Su mejor versión aparece cuando domina el balón, instala el juego en campo rival y obliga al adversario a correr detrás de la pelota. Allí potencia a sus mejores futbolistas y reduce considerablemente los riesgos.</p><p>Cuando renuncia a esa identidad, el margen de error se achica y los partidos se vuelven más abiertos de lo necesario.</p><p>Aun así, este equipo conserva una virtud que distingue a los grandes campeones. Cuando el funcionamiento colectivo pierde claridad, siempre aparece un futbolista capaz de resolver lo que el juego no consigue. Una acción individual, una decisión acertada o un momento de inspiración alcanza para cambiar el destino de un encuentro.</p><p>A esa jerarquía individual se suma una fortaleza mental construida a lo largo de los años. Argentina sabe convivir con la presión, mantiene la calma en los momentos críticos y rara vez pierde el equilibrio emocional. Esa personalidad explica buena parte de este nuevo paso entre los cuatro mejores del mundo.</p><p>Ahora aparece Inglaterra en el horizonte.</p><p>La historia inevitablemente ocupará buena parte de la previa. El peso simbólico de este enfrentamiento forma parte del ADN del fútbol argentino. Pero las semifinales no se ganan con recuerdos. Se ganan interpretando el partido, imponiendo las propias virtudes y aprovechando las debilidades del rival.</p><p>Argentina tiene argumentos para ilusionarse. Los resultados sostienen esa confianza y su carácter competitivo está fuera de discusión. Sin embargo, también queda una enseñanza de los últimos partidos: cuanto más se aleja de su identidad futbolística, más sufre.</p><p>La semifinal exigirá recuperar el control del juego, asumir nuevamente el protagonismo y confiar en aquello que convirtió a esta Selección en una referencia mundial. Porque el carácter alcanza para sostenerse. Pero, a esta altura del torneo, el buen juego puede ser el detalle que marque la diferencia entre quedarse a un paso o volver a disputar la Copa del Mundo.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2yI_cxIDjFVl-6g5tryqjmzLius=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/argentina_vs_suiza_2026.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Opinión, por Mauro Yasprizza.]]>
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                <published>2026-07-13T12:35:08+00:00</published>
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            Adidas gana la otra batalla del Mundial: la de las marcas deportivas
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1NTHoMwbRZsd4OUdj79XGOR_1D0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/adidas.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Mauro Yasprizza.</p><p>Mientras la pelota rueda en Estados Unidos, México y Canadá, el Mundial 2026 también se juega fuera de la cancha. Y en esa competencia silenciosa, pero millonaria, Adidas aparece como la marca que mejor parada quedó en el arranque del torneo.</p><p>La firma alemana viste a 14 de las 48 selecciones participantes y lidera el ranking de sponsors técnicos por encima de Nike, que acompaña a 12 equipos, y Puma, que aparece en el tercer lugar con 11. Entre las tres grandes marcas se reparten 37 selecciones, es decir, más de tres cuartas partes del Mundial.</p><p>El dato no es menor. En una Copa del Mundo ampliada, con más equipos, más partidos y más vidriera global, la camiseta también juega. Cada presentación, cada festejo y cada imagen viral se transforma en una vidriera comercial de altísimo impacto.</p><p>Adidas llega al torneo con nombres pesados bajo su paraguas: Argentina, Alemania, España, Bélgica, México y Japón, entre otros seleccionados. Nike, en tanto, mantiene una presencia fuerte con Brasil, Francia, Inglaterra, Estados Unidos y Países Bajos. Puma completa el podio con Portugal, Marruecos, Suiza, Paraguay y Senegal como algunos de sus equipos más visibles.</p><p>Pero la pulseada no se mide sólo por cantidad de camisetas. También pesa el movimiento comercial que genera el torneo. En ese punto, Adidas volvió a sacar ventaja: sus ventas de indumentaria crecieron un 70% interanual en mayo y las visitas a sus tiendas en Estados Unidos subieron un 47% durante la primera semana del Mundial.</p><p>Uno de los motores de ese crecimiento fue la camiseta de México, que se ubicó entre los productos más buscados del torneo. No sorprende: el seleccionado mexicano juega de local en buena parte del clima mundialista y arrastra una masa de hinchas enorme, especialmente en Norteamérica.</p><p>Nike, de todos modos, no queda fuera de la pelea. La marca estadounidense conserva un peso global enorme, una fuerte presencia entre las grandes figuras y un dominio importante en el mercado de botines. Sin embargo, en esta primera foto del Mundial, Adidas aparece un paso adelante.</p><p>La batalla de las marcas no define partidos ni levanta copas, pero mueve millones y marca tendencia. En el Mundial 2026, Adidas, Nike y Puma también salieron a jugar. Por ahora, la alemana picó en punta y mira al resto desde arriba.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1NTHoMwbRZsd4OUdj79XGOR_1D0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/adidas.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Opinión. Por Mauro Yasprizza.]]>
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                                <updated>2026-06-25T10:40:59+00:00</updated>
                <published>2026-06-25T10:40:57+00:00</published>
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            Cuando el micrófono pesa menos que el ego
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                <![CDATA[Rosario Nuestro ]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4r9KcVlaq_EWvqRghB6eEOXoG98=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/flor_pena_messi.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Opinión. Por Mauro Yasprizza.</p><p>La difusión de una noticia falsa sobre un hecho de extrema gravedad volvió a exponer uno de los problemas más preocupantes de la comunicación actual: la desesperación por hablar primero, aun cuando no se tenga la menor certeza de lo que se está diciendo.</p><p>El episodio generó indignación porque no se trató de una interpretación equivocada ni de un dato menor. Se presentó como una verdad consumada algo que jamás ocurrió. Lo más alarmante fue la seguridad con la que se lanzó la información y la naturalidad con la que se abordó una situación que, de haber sido real, habría tenido consecuencias humanas y sociales enormes.</p><p>Las disculpas llegaron después. Como suele suceder en estos tiempos. Primero se dispara, después se pregunta. Primero se genera impacto, después se intenta reparar el daño. Pero la credibilidad no funciona como un interruptor que se apaga y se enciende a conveniencia. Una vez que la mentira circula, el daño ya está hecho.</p><p>Lo que más ruido provoca no es solamente la noticia falsa. Es la falta de sensibilidad con la que fue tratada. La ausencia de empatía. La liviandad. Esa peligrosa combinación entre soberbia e improvisación que lleva a algunos a creer que cualquier versión merece convertirse en titular.</p><p>La comunicación atraviesa uno de sus momentos más delicados. Nunca hubo tantas herramientas para informar y, paradójicamente, nunca fue tan fácil desinformar. Un teléfono celular, una cuenta en redes sociales y unos cuantos seguidores parecen haber convencido a más de uno de que ejercer el periodismo es tan simple como apretar el botón de publicar.</p><p>Sin embargo, la realidad suele ser mucho más cruel que los algoritmos. Porque los clics pasan, las tendencias desaparecen y los videos se olvidan. Lo único que permanece es la credibilidad. Y cuando esa credibilidad se rompe por irresponsabilidad, recuperarla suele ser una tarea casi imposible.</p><p>La moraleja es tan vieja como vigente: en comunicación, la velocidad puede dar notoriedad, pero solamente la verdad construye prestigio. Quien elige ser el primero a cualquier precio corre el riesgo de terminar siendo recordado por algo mucho peor: haber sido el menos confiable.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4r9KcVlaq_EWvqRghB6eEOXoG98=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/flor_pena_messi.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Opinión. Por Mauro Yasprizza.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-06-18T21:49:48+00:00</updated>
                <published>2026-06-18T21:49:37+00:00</published>
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            ¡Messi volvió a dinamitar la historia y dejó al mundo entero de rodillas!
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                <![CDATA[Rosario Nuestro ]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DBPdaaOdVWRU_Hrn6XzXFGQY81E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/lionel_messi_vs_argelia_2026.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Mauro Yasprizza.</p><p>Lionel Messi volvió a hacer algo que ya parece una costumbre: correr los límites de lo que creíamos posible. Cuando muchos suponían que llegaba a este Mundial para disfrutar sus últimos capítulos en la máxima competencia, el capitán argentino respondió como lo hizo durante toda su carrera: jugando al fútbol mejor que nadie.</p><p>A días de cumplir 39 años, firmó una actuación que quedará guardada entre esas noches destinadas a transformarse en leyenda. No fue solamente por los goles. Tampoco por las estadísticas. Fue por la manera. Porque manejó cada minuto del partido como si el tiempo no pasara para él. Ordenó, asistió, aceleró, frenó, inventó y definió. Hizo todo.</p><p>Mientras las nuevas figuras del fútbol mundial siguen acumulando números y alimentando debates interminables, Messi continúa escribiendo su propia categoría. Ya no compite contra contemporáneos. Compite contra la historia. Y una vez más salió vencedor.</p><p>Los récords fueron cayendo uno detrás de otro. Algunos los alcanzó. Otros los superó. Pero la verdadera dimensión de su actuación no aparece en ninguna planilla. Está en la sensación colectiva que provoca cada vez que toca la pelota. En esa certeza de que algo extraordinario puede ocurrir en cualquier momento.</p><p>Lo más impactante es que el asombro sigue intacto. Después de más de dos décadas de carrera, cuando parecía que ya habíamos visto todo, vuelve a sorprender. Y eso quizás sea su mayor conquista.</p><p>Porque este Mundial tiene un componente emocional imposible de ignorar. Por primera vez no observamos únicamente lo que Messi puede conseguir. También empezamos a tomar conciencia de lo que estamos cerca de perder. Cada partido suyo en una Copa del Mundo puede ser el último. Cada gambeta, cada pase filtrado, cada festejo, puede transformarse en un recuerdo irrepetible.</p><p>Y allí aparece una sensación incómoda. La de entender que los futbolistas también son parte de nuestras propias biografías. Messi acompañó generaciones enteras. Estuvo presente en la infancia de muchos, en la adolescencia de otros y en la vida adulta de millones. Su carrera se mezcló con nuestras historias personales.</p><p>El fútbol seguirá. Siempre aparecen nuevos talentos, nuevas estrellas y nuevos nombres. Pero algunas figuras trascienden cualquier comparación. No son reemplazables porque ocupan un lugar único.</p><p>Por eso la discusión ya no pasa por determinar si es el mejor de su tiempo. Esa conversación quedó vieja hace años. La cuestión ahora es comprender la magnitud de lo que estamos viendo mientras todavía sucede.</p><p>El mundo volvió a rendirse ante Lionel Messi. Y no porque haya compartido o superado récords. Los números siempre terminan encontrando compañía. Las leyendas, en cambio, habitan solas.</p><p>Y Messi hace tiempo que vive allí.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DBPdaaOdVWRU_Hrn6XzXFGQY81E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/lionel_messi_vs_argelia_2026.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Opinión. Por Mauro Yaspirzza.]]>
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                                                <category term="deportes" label="Deportes" />
                                <updated>2026-06-17T16:56:37+00:00</updated>
                <published>2026-06-17T16:55:53+00:00</published>
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        <title>
            Parar por parar: cuando el conflicto se convierte en una rutina
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        <link rel="alternate" href="https://www.rosarionuestro.com/parar-por-parar-cuando-el-conflicto-se-convierte-en-una-rutina" type="text/html" title="Parar por parar: cuando el conflicto se convierte en una rutina" />
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                <![CDATA[Rosario Nuestro ]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cZJsC3y_zqzhbXSluPZsYRyY-UA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2020/02/coad.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Mauro Yasprizza.</p><p>Los docentes universitarios de Rosario anunciaron una quinta semana consecutiva de paro. Mientras el salario sigue siendo un problema real, la estrategia gremial parece cada vez más alejada de las aulas y más cerca de una lógica de confrontación permanente.</p><p>Cinco semanas de paro. Cinco.</p><p>A esta altura, la pregunta ya no es cuánto perdió el salario docente en los últimos años. La pregunta es otra: ¿qué se ganó después de más de un mes sin clases?</p><p>La respuesta, al menos por ahora, parece bastante sencilla: poco y nada.</p><p>Los docentes universitarios agrupados en COAD decidieron profundizar el plan de lucha y rechazar la última propuesta salarial presentada por el Gobierno nacional. El argumento es conocido. La oferta no alcanza, la pérdida del poder adquisitivo es enorme y la Ley de Financiamiento Universitario sigue sin aplicarse plenamente.</p><p>Hasta ahí, difícil discutirlo.</p><p>Los salarios universitarios vienen perdiendo terreno desde hace años y nadie puede negar que existe un atraso importante. El problema aparece cuando la única herramienta que algunos dirigentes parecen conocer es el paro eterno.</p><p>Porque una cosa es reclamar. Otra muy distinta es transformar el conflicto en un estado permanente.</p><p>La propia conducción gremial reconoce que el Gobierno volvió a sentarse a negociar después de meses de silencio. Reconoce también que hubo una oferta concreta sobre la mesa. Sin embargo, cualquier propuesta que no coincida exactamente con sus pretensiones termina automáticamente en la misma bolsa: rechazo, asamblea y otro paro.</p><p>La lógica parece sencilla. Si la respuesta es siempre la misma, la negociación deja de ser negociación para convertirse en una ceremonia vacía.</p><p>Mientras tanto, los perjudicados siguen siendo los mismos de siempre.</p><p>Los estudiantes acumulan semanas sin clases, las materias se atrasan, los calendarios académicos se desordenan y miles de familias observan cómo la universidad pública vuelve a quedar atrapada en una pelea donde los dirigentes gremiales parecen sentirse más cómodos que buscando soluciones concretas.</p><p>Resulta llamativo además que muchos de estos sectores hablen permanentemente de defender la universidad pública mientras convierten la normalidad académica en una rareza.</p><p>Defender la universidad también debería significar garantizar que funcione.</p><p>Porque una universidad cerrada no es una universidad fortalecida.</p><p>Nadie discute el derecho a reclamar. Lo que empieza a discutirse es la efectividad de una estrategia que repite exactamente la misma receta una y otra vez esperando resultados diferentes.</p><p>El deterioro salarial existe. Es real. Merece respuestas.</p><p>Pero cuando la herramienta se vuelve un fin en sí mismo, el conflicto deja de ser una solución y pasa a formar parte del problema.</p><p>Y después de cinco semanas de paro, la sensación que queda es justamente esa: que algunos dirigentes parecen más preocupados por sostener la protesta que por encontrar una salida.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cZJsC3y_zqzhbXSluPZsYRyY-UA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2020/02/coad.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Opinión. Por Mauro Yasprizza.]]>
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                                                <category term="educacion" label="Educación" />
                                <updated>2026-06-16T14:47:30+00:00</updated>
                <published>2026-06-16T14:47:29+00:00</published>
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            Cuando la política fracasa, canta el rock y grita la tribuna
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        <link rel="alternate" href="https://www.rosarionuestro.com/cuando-la-politica-fracasa-canta-el-rock-y-grita-la-tribuna" type="text/html" title="Cuando la política fracasa, canta el rock y grita la tribuna" />
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                <![CDATA[Rosario Nuestro ]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HsG9mQGhgYsGS2A784NBWrCc-nA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/indio_solari.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Mauro Yasprizza.</p><p>La Argentina puede discutir durante horas sobre inflación, elecciones, dirigentes, árbitros, barrabravas o presidentes. Puede dividirse por cualquier tema. Pero hay algo curioso que sigue ocurriendo mientras la política se desgasta y el fútbol se convierte en un negocio cada vez más millonario: las canciones del Indio Solari continúan sonando en las tribunas.</p><p>Y eso no es un detalle menor.</p><p>Es, quizás, uno de los fenómenos culturales más potentes de los últimos cuarenta años.</p><p>Mientras los dirigentes políticos se esfuerzan por construir relatos que duran una campaña electoral, el rock nacional logró algo que ellos jamás pudieron conseguir: permanecer. Y dentro de ese universo, el Indio Solari ocupa un lugar privilegiado. No porque haya sido un líder político. Tampoco porque haya buscado convertirse en un referente social. Todo lo contrario. Su influencia nació lejos de los despachos, de los estudios de televisión y de los discursos cuidadosamente redactados.</p><p>Nació en la calle.</p><p>Nació en la tribuna.</p><p>Nació en esa Argentina que rara vez aparece en los informes oficiales.</p><p>Por eso resulta imposible entender el fenómeno del fútbol argentino sin comprender la dimensión cultural que tuvieron Los Redondos. Sus canciones dejaron hace tiempo de pertenecer al rock para transformarse en parte del lenguaje popular. Hoy pueden escucharse en una cancha de barrio, en el ascenso, en el Monumental, en la Bombonera, en el Gigante de Arroyito o en el Coloso del Parque.</p><p>La política observa ese fenómeno con una mezcla de fascinación y envidia.</p><p>Porque mientras los partidos políticos pierden militantes, las tribunas siguen encontrando identidad. Mientras los dirigentes buscan desesperadamente conectar con la gente, una estrofa escrita hace décadas sigue emocionando a miles de personas.</p><p>Ahí aparece una verdad incómoda.</p><p>El rock nacional, especialmente el que representó el universo ricotero, supo interpretar mejor el humor social que gran parte de la dirigencia argentina.</p><p>Las letras hablaban de poder, de desencanto, de personajes oscuros, de ganadores y perdedores. Hablaban de un país que muchas veces parecía caminar al borde del abismo. No ofrecían soluciones. No prometían paraísos. Pero describían una realidad que millones reconocían como propia.</p><p>Y el fútbol hizo el resto.</p><p>Porque las tribunas son el último refugio de una identidad colectiva que la política ya no puede garantizar. Allí conviven trabajadores, comerciantes, jubilados, estudiantes y desocupados. Allí la camiseta todavía vale más que cualquier encuesta.</p><p>No es casualidad que las canciones del Indio sigan vivas en ese territorio.</p><p>Tampoco es casualidad que muchos dirigentes intenten apropiarse de símbolos culturales que nunca les pertenecieron.</p><p>La Argentina atraviesa una época de liderazgos débiles, partidos fragmentados y una sociedad cada vez más desconfiada. Sin embargo, basta caminar unas cuadras alrededor de una cancha para entender que todavía existen espacios donde la pertenencia sigue intacta.</p><p>La política promete representar al pueblo.</p><p>El fútbol intenta entretenerlo.</p><p>El rock, muchas veces, simplemente lo retrata.</p><p>Y quizás por eso las canciones del Indio siguen sonando más fuertes que muchos discursos.</p><p>Porque las tribunas tienen algo que los gobiernos suelen olvidar: memoria.</p><p>Y cuando la memoria canta, la política escucha desde lejos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HsG9mQGhgYsGS2A784NBWrCc-nA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/indio_solari.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Opinión. Por Mauro Yasprizza.]]>
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                                                <category term="espectaculos" label="Espectáculos" />
                                <updated>2026-06-06T20:35:06+00:00</updated>
                <published>2026-06-06T20:30:21+00:00</published>
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            Los dueños del NO y la nostalgia como proyecto político
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        <link rel="alternate" href="https://www.rosarionuestro.com/los-duenos-del-no-y-la-nostalgia-como-proyecto-politico" type="text/html" title="Los dueños del NO y la nostalgia como proyecto político" />
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                <![CDATA[Rosario Nuestro ]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.rosarionuestro.com/los-duenos-del-no-y-la-nostalgia-como-proyecto-politico">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Pqw8NAq4kpmrOoC_NBzQatkO684=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/rambla_concejo.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Opinión, por Mauro Yasprizza.</p><p>Mientras Rosario intenta recuperar su vínculo con el río, atraer turismo y generar nuevos espacios de recreación, una parte de la política local vuelve a refugiarse en el lugar donde se siente más cómoda: la oposición permanente.</p><p>La sesión extraordinaria que buscaba frenar el parque acuático de La Rambla terminó exactamente como muchos imaginaban: sin quórum y sin debate. Sin embargo, lo más interesante no fue el fracaso legislativo. Lo verdaderamente revelador fue la puesta en escena posterior.</p><p>Las declaraciones que siguieron dejaron en evidencia una lógica que hace años domina a ciertos sectores de la izquierda progresista rosarina: transformar cualquier proyecto de transformación urbana en una batalla ideológica. No importa si se trata de renovar la costa, construir infraestructura o generar una propuesta turística. La respuesta suele ser la misma: no.</p><p>No porque falten recursos. No porque exista una alternativa superadora. No porque haya un proyecto mejor sobre la mesa. Simplemente porque el proyecto lo impulsa otro.</p><p>Resulta llamativo escuchar hablar de “privatización” cuando se discute una intervención recreativa en un sector que seguirá siendo público. También llama la atención la insistencia en presentar cada obra como una amenaza ambiental inminente mientras Rosario convive con problemas mucho más urgentes y concretos que rara vez ocupan el centro de sus discursos.</p><p>La ciudad necesita discutir seriamente qué hacer con su costa. Pero discutir no significa inmovilizar. Tampoco significa convertir cada iniciativa en una asamblea interminable donde el objetivo final nunca es mejorar el proyecto sino impedir que exista.</p><p>Durante años, Rosario vivió de espaldas al río. Hoy, cuando aparecen propuestas para potenciarlo, resurgen los guardianes de una extraña nostalgia urbana que parece encontrar valor únicamente en conservar lo que está quieto.</p><p>El argumento de que una obra recreativa reducirá la playa pública merece análisis técnico, estudios y debate. Lo que no merece es convertirse en una verdad revelada repetida sin contrastes ni discusión. Porque cuando los datos se transforman en consignas, la política deja de buscar soluciones y comienza a fabricar relatos.</p><p>Existe además una contradicción difícil de ignorar. Los mismos sectores que suelen reclamar más turismo, más actividad económica y más oportunidades para la ciudad son los primeros en levantar barricadas cuando aparece una inversión o una propuesta que modifica el paisaje urbano.</p><p>El problema no es el parque acuático.</p><p>El problema es que para determinados espacios políticos, el conflicto se ha transformado en un modelo de construcción política. Necesitan un enemigo. Necesitan una amenaza. Necesitan una causa permanente que les permita presentarse como los últimos defensores de una ciudad idealizada que ya no existe.</p><p>Rosario necesita controles, transparencia y planificación. Pero también necesita animarse a crecer.</p><p>Porque una ciudad que solamente debate cómo conservar lo que tiene termina perdiendo la oportunidad de construir lo que viene.</p><p>Y quizás allí radique la verdadera discusión de fondo: entre quienes imaginan una ciudad en movimiento y quienes siguen convencidos de que la mejor política es impedir que algo suceda.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Pqw8NAq4kpmrOoC_NBzQatkO684=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/rambla_concejo.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Opinión, por Mauro Yasprizza.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-05-30T20:40:39+00:00</updated>
                <published>2026-05-30T20:40:39+00:00</published>
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            El parque acuático que unió a libertarios y progresistas: la batalla política que explotó sobre la arena de La Florida
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                <![CDATA[Rosario Nuestro ]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aIHIOakb3WmSBVTtpuKhyWTCzas=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/costa_norte.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Mauro Yasprizza.</p><p>La discusión por la Costanera Norte dejó una postal impensada en Rosario: concejales de La Libertad Avanza y Ciudad Futura enfrentando juntos al oficialismo de Pablo Javkin. Entre denuncias por privatización, discursos ambientalistas inesperados y una ciudad que todavía discute qué hacer con su río, el proyecto terminó exponiendo mucho más que una obra pública.</p><p>Rosario descubrió algo inesperado frente al río Paraná: un libertario y un dirigente de izquierda pueden terminar sentados en la misma mesa cuando aparece una obra pública capaz de incomodar políticamente al poder.</p><p>El parque acuático de la Costanera Norte produjo un fenómeno raro, casi antinatural para la fauna política local. La Libertad Avanza y Ciudad Futura encontraron una coincidencia táctica para enfrentar un proyecto que el oficialismo vendió como modernización, turismo y recuperación urbana.</p><p>Pero detrás de esa coincidencia hay discursos completamente distintos.</p><p>Los libertarios encontraron un filón perfecto para hacer oposición: cuestionar el gasto, denunciar supuestas irregularidades administrativas y agitar la bandera del “espacio público tomado por la política”. El problema es que muchas veces La Libertad Avanza critica este parque acuático con un tono casi ambientalista, algo bastante curioso para un espacio que históricamente suele mirar con desconfianza cualquier discusión ecológica o urbanística que implique regulación estatal.</p><p>Del otro lado aparece Ciudad Futura, que convirtió el conflicto en una épica sobre el río, la participación ciudadana y la defensa de la identidad rosarina. Ahí el riesgo es otro: caer en el “no permanente”. Porque Rosario también necesita recuperar una Costanera Norte abandonada durante décadas, y discutir cualquier intervención como si automáticamente fuera un negociado tampoco parece demasiado razonable.</p><p>En el medio queda el oficialismo de Pablo Javkin, que probablemente cometió el pecado más clásico de la política rosarina: enamorarse demasiado rápido de un render.</p><p>Porque el problema no parece ser solamente el parque acuático. El problema fue anunciarlo antes de construir consenso. Rosario tiene una relación emocional con el río. Y cuando alguien toca la costa, no alcanza con mostrar toboganes, luces LED y promesas turísticas. La ciudad necesita sentirse parte de la discusión.</p><p>Ahí aparece otro error político: subestimar el valor simbólico del espacio público en una Rosario que durante años vivió encerrada por el miedo, la violencia y el deterioro urbano.</p><p>El oficialismo creyó que vendía futuro. La oposición encontró una oportunidad política. Y ahora todos juegan su partido sobre la arena de La Florida.</p><p>Mientras tanto, el río sigue ahí. Mucho más viejo, mucho más sabio y bastante menos ansioso que toda la dirigencia junta.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aIHIOakb3WmSBVTtpuKhyWTCzas=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/costa_norte.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Opinión, por Mauro Yasprizza.]]>
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                                <updated>2026-05-24T00:40:22+00:00</updated>
                <published>2026-05-23T23:45:00+00:00</published>
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            Rosario y su deporte favorito: discutir cualquier idea antes de dejarla existir
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                <![CDATA[Rosario Nuestro]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aIHIOakb3WmSBVTtpuKhyWTCzas=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/costa_norte.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Opinión, por Mauro Yasprizza.</p><p>El proyecto para transformar la Costa Norte volvió a exponer una vieja enfermedad rosarina: el rechazo automático a todo lo que implique cambiar la postal de la ciudad. Entre ambientalistas, agrupaciones políticas y vecinos desconfiados, el parque acuático quedó en el centro de una guerra ideológica donde nadie parece discutir cómo mejorar Rosario, sino quién se queda con la bandera moral de la resistencia.</p><p>Rosario tiene una relación extraña con el progreso.</p><p>Una mezcla de amor, miedo, nostalgia y sospecha permanente. Acá se discute todo. Absolutamente todo. Y muchas veces no está mal que ocurra. El problema aparece cuando la discusión deja de ser una herramienta democrática y pasa a convertirse en una religión del “no”.</p><p>Pasó con Puerto Norte. Pasó con la recuperación de espacios públicos. Pasó con los recitales masivos. Y ahora pasa con el parque acuático proyectado para la Costa Norte.</p><p>La Municipalidad presentó un plan integral enorme. Ambicioso. Tal vez imperfecto. Pero enorme. Recuperación de playa pública, demolición de estructuras abandonadas, saneamiento del Conducto Piaggio, vegetación nativa, nuevas bajadas náuticas, infraestructura y una intervención que busca volver a conectar a Rosario con el río que durante décadas miró de costado.</p><p>Sin embargo, la palabra “parque acuático” alcanzó para que parte de la discusión explotara.</p><p>Y ahí aparecen todos los actores conocidos de esta ciudad: sectores políticos que encuentran en cualquier obra una oportunidad para confrontar, agrupaciones barriales que sienten —muchas veces con razón— que nunca fueron escuchadas, y organizaciones proteccionistas o ambientalistas que automáticamente ven detrás de cualquier movimiento una amenaza privatizadora o un negocio inmobiliario disfrazado de espacio público.</p><p>¿Hay motivos para desconfiar? Claro que sí.</p><p>Rosario tiene cicatrices suficientes como para entender la resistencia. La ciudad convivió años con concesiones eternas, privatizaciones mal explicadas y sectores costeros que parecían diseñados más para unos pocos que para la mayoría.</p><p>El problema es otro: muchas veces la crítica se vuelve tan extrema que termina chocando contra sí misma.</p><p>Porque mientras algunos sectores denuncian que el parque acuático “atenta contra el río”, hoy la Costa Norte tiene cemento roto, estructuras abandonadas, conductos contaminando la playa y sectores degradados hace años.</p><p>Mientras se cuestiona el impacto ambiental, el Conducto Piaggio sigue descargando sobre el Paraná como si el verdadero problema fuera una pileta y no décadas de abandono estructural.</p><p>También hay algo profundamente rosarino en esa resistencia romántica a cualquier intervención moderna.</p><p>Como si la ciudad estuviera condenada a quedarse congelada en una foto vieja para conservar cierta pureza moral.</p><p>Y ojo: eso no significa que todo proyecto estatal sea automáticamente bueno.</p><p>No significa que no haya que controlar licitaciones, exigir transparencia o discutir prioridades.</p><p>La pregunta es otra: ¿Rosario puede darse el lujo de rechazar cualquier transformación solamente porque genera ruido político?</p><p>Porque detrás de muchas críticas genuinas también aparece la especulación partidaria.</p><p>Hay sectores que no quieren el parque porque entienden que, si funciona, se convertirá en un símbolo de gestión. Y en una ciudad donde la política vive en campaña permanente, hasta una sombrilla puede transformarse en una batalla electoral.</p><p>Después están los vecinos que temen perder identidad. Y ahí quizás exista la discusión más honesta de todas. Rosario cambió tanto en los últimos años que mucha gente siente que la ciudad ya no le pertenece. Que cada intervención viene acompañada de negocios, marketing urbano y un modelo pensado más para el turista que para el rosarino que viaja colgado en el colectivo.</p><p>Ese miedo existe. Y sería irresponsable burlarse de él.</p><p>Pero también hay una realidad incómoda: las ciudades que dejan de transformarse empiezan lentamente a pudrirse.</p><p>El abandono nunca conserva nada. El abandono solamente deteriora.</p><p>Tal vez el gran desafío no sea discutir si Rosario merece o no un parque acuático.</p><p>El verdadero desafío sea aprender, de una vez, a debatir sin convertir cada obra en una guerra santa.</p><p>Porque cuando una ciudad se acostumbra a destruir cualquier idea antes de verla terminada, termina construyendo solamente una cosa: frustración.</p><p>Y Rosario ya tiene demasiadas ruinas emocionales como para seguir fabricando nuevas.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aIHIOakb3WmSBVTtpuKhyWTCzas=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/costa_norte.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Opinión, por Mauro Yasprizza.]]>
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                                <updated>2026-05-17T23:49:17+00:00</updated>
                <published>2026-05-17T23:48:59+00:00</published>
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            Monteverde ya se siente intendente y ensaya un “gobierno paralelo” mientras Rosario intenta salir de la oscuridad
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                <![CDATA[Rosario Nuestro ]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/3k7zynHMgN9nYhgFYRqLDoS9Nho=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/juan_monteverde_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Mauro Yasprizza.</p><p>Juan Monteverde todavía no ganó una elección ejecutiva, no administra la ciudad ni conduce un solo área del Estado municipal, pero ya habla como si estuviera sentado en el despacho del intendente. “Faltan 580 días para empezar a gobernar”, lanzó durante la presentación de la Asamblea de Consejeros Barriales, una puesta en escena cargada de épica militante y estética asamblearia que dejó más dudas que certezas.</p><p>El concejal rosarino insiste con el discurso de “devolverle el poder a la gente”, aunque hace más de una década vive de la política y forma parte del mismo sistema que ahora critica. La contradicción es evidente: Monteverde se vende como outsider mientras acumula cargos, alianzas y estructura política desde hace años.</p><p>La escena en la Facultad de Medicina tuvo más aroma a acto universitario que a propuesta concreta de gestión. Consejeros barriales, hemiciclo, discursos emotivos y promesas de “reconstruir la comunidad”, mientras Rosario todavía arrastra heridas profundas: la violencia dejó cicatrices, el narcotráfico sigue respirando en muchos barrios, los trapitos continúan siendo parte del paisaje urbano y cientos de comerciantes todavía viven detrás de persianas a medio bajar y cámaras de seguridad.</p><p>Sin embargo, en medio de esa realidad áspera, la ciudad empezó lentamente a mostrar señales de cambio. Hay más presencia policial, operativos visibles, zonas que recuperaron movimiento y vecinos que vuelven a caminar con algo menos de resignación que hace dos años. Rosario sigue lejos de estar bien, hay muchas calles por reparar, pero también está lejos de aquel infierno cotidiano donde la muerte parecía haberse naturalizado.</p><p>Y en medio de ese contexto delicado, Monteverde eligió lanzar una especie de ensayo anticipado de gobierno, rodeado por los viejos nombres de siempre: Agustín Rossi, Diego Giuliano, Alejandra Rodenas, Rubén Giustiniani y dirigentes históricos del progresismo y el kirchnerismo santafesino. Demasiado aparato tradicional para un espacio que intenta venderse como renovación política.</p><p>Monteverde construye un relato potente para auditorios militantes y redes sociales, pero gobernar Rosario exige algo más que frases épicas y romanticismo barrial. Porque una cosa es escuchar al vecino. Otra muy distinta es actuar como intendente antes de ganar una elección, mientras la ciudad todavía pelea por salir de una de las etapas más oscuras de su historia.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/3k7zynHMgN9nYhgFYRqLDoS9Nho=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/juan_monteverde_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Opinión. Por Mauro Yasprizza.]]>
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                                <updated>2026-05-10T22:15:09+00:00</updated>
                <published>2026-05-10T20:24:09+00:00</published>
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            El PJ santafesino ensaya una unidad que todavía parece maquillaje político
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                <![CDATA[Rosario Nuestro]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/j6SM8w9FKfuOeWat6uVCVEkx7WY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/pj_santafesino.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Mauro Yasprizza.</p><p>El peronismo provincial volvió a mostrarse unido tras meses de internas salvajes, pero la pelea por el control del partido sigue intacta y expone una dirigencia más preocupada por la lapicera que por la gente</p><p>El peronismo santafesino volvió a sentarse en una misma mesa después de meses de reproches, operaciones y desconfianzas cruzadas. La reunión encabezada por la conducción del PJ provincial buscó mostrar una foto de unidad frente al avance político de Maximiliano Pullaro y el crecimiento de La Libertad Avanza. Sin embargo, detrás de los abrazos y el documento opositor, quedó expuesta una realidad incómoda: el PJ todavía no resolvió sus propias miserias internas.</p><p>El comunicado difundido tras el encuentro apuntó contra el gobierno provincial y nacional por la crisis económica, la pérdida de empleo y la incertidumbre electoral rumbo a 2027. Datos reales y preocupaciones concretas. El problema es otro: gran parte de la sociedad ya no escucha esos discursos con la misma credibilidad cuando vienen de una estructura política que también fue protagonista del desgaste que terminó empujando a Javier Milei al poder.</p><p>La reunión dejó una frase que resume el verdadero estado del peronismo santafesino: “la foto de unidad todavía está en fase de ensayo”. Y no es casual. Porque mientras hablan de democratización y apertura, la discusión de fondo sigue siendo la misma de siempre: quién controla el aparato partidario, los apoderados y la lapicera electoral.</p><p>Pullaro observa ese escenario con comodidad. No solo por mérito propio, sino porque enfrente todavía aparece una oposición atrapada en viejos vicios, egos interminables y una interna que parece no tener fin.</p><p>El PJ santafesino intenta reconstruirse antes de 2027. El problema es que, por ahora, la unidad parece más una necesidad de supervivencia política que un verdadero proyecto de renovación.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/j6SM8w9FKfuOeWat6uVCVEkx7WY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/pj_santafesino.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Opinión. Por Mauro Yasprizza.]]>
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                                <updated>2026-05-09T21:44:39+00:00</updated>
                <published>2026-05-09T21:44:38+00:00</published>
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            Los dueños del NO: la oposición rosarina que vive incómoda cuando a la ciudad le va bien
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                <![CDATA[Rosario Nuestro ]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/D_iwCDR9p9ocpep8w_bQgiGnTu8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/juan_monteverde.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Mauro Yasprizza.</p><p>Critican las obras, desprecian las inversiones y protestan hasta cuando baja el delito: en Rosario apareció una oposición especialista en decir “no” a todo</p><p>Hay un sector de la política rosarina que parece haber encontrado su único programa de gobierno: oponerse. No importa qué. No importa cómo. No importa si la ciudad mejora o si, después de años de abandono, miedo y decadencia, Rosario empieza lentamente a recuperar algo de orden, movimiento y esperanza. Ellos siempre están ahí. Con el dedo acusador, con el comunicado indignado, con el tuit hecho a las corridas y con la pose permanente del “esto también está mal”.</p><p>Son los dueños del NO.</p><p>Si baja el delito, desconfían.Si hay más controles, hablan de persecución.Si llegan inversiones privadas, gritan privatización.Si se construye un parque acuático, aparecen los ambientalistas de café con leche que jamás juntaron una bolsa de residuos de la costa.Si se iluminan plazas, encuentran un problema con el color de la lámpara.Si Rosario vuelve a aparecer en la agenda nacional por algo positivo, se desesperan.</p><p>Y lo más llamativo no es la crítica. La crítica es necesaria. Lo verdaderamente preocupante es la absoluta incapacidad de proponer algo mejor.</p><p>Porque detrás del “no” no hay ideas. Hay vacío. Hay slogans. Hay indignación serial. Hay militancia del obstáculo. Una política construida alrededor del freno permanente. Una oposición que parece sentirse más cómoda con la ciudad detonada que con una Rosario que intenta levantarse.</p><p>Durante años Rosario fue noticia nacional por los asesinatos, los búnkeres, las balaceras y el narcotráfico. Ahí muchos de estos dirigentes parecían encontrar su zona de confort. Vivían denunciando el caos, caminando estudios de televisión y haciendo de la tragedia una plataforma política. Pero ahora, cuando los indicadores muestran una baja concreta en homicidios y violencia altamente lesiva, cuando las fuerzas federales y provinciales lograron recuperar parte de la calle, cuando el miedo empieza a retroceder, el problema para ellos es otro: ya no tienen relato.</p><p>Entonces necesitan inventar uno.</p><p>Por eso atacan las obras. Por eso cuestionan cualquier desembarco privado. Por eso convierten cada iniciativa en un escándalo artificial. El parque acuático en la Rambla, por ejemplo, dejó al descubierto algo fascinante: hay sectores políticos que parecen preferir el abandono antes que discutir seriamente cómo desarrollar la ciudad. Todo es “negocio”, todo es “entrega”, todo es “negociado”. Pero jamás aparece una propuesta alternativa concreta, seria y financiable. Nunca.</p><p>Rosario pasó décadas expulsando inversiones mientras otras ciudades crecían. Y ahora que lentamente aparecen empresarios dispuestos a poner plata, generar empleo y mover la economía local, salen los custodios del atraso con el manual del espanto abajo del brazo.</p><p>Porque en el fondo hay algo que les molesta profundamente: que las cosas funcionen.</p><p>Les molesta ver parques llenos.Les molesta ver recitales masivos.Les molesta ver turismo.Les molesta ver movimiento económico.Les molesta que la gente vuelva a apropiarse de la calle.</p><p>Y claro, cuando no hay contenido, aparece el acting. Ahí nacen esos videos sobreactuados, esos posteos dramáticos, esas fake épicas armadas con inteligencia artificial, como si la política pudiera reducirse a un Canva con música triste y frases de revolución universitaria tardía.</p><p>Rosario necesita oposición. Claro que sí. Pero una oposición inteligente, moderna y seria. Una que controle, proponga y discuta con altura. No una banda de comentaristas crónicos del fracaso ajeno.</p><p>Porque gobernar una ciudad como Rosario no es administrar un centro de estudiantes eterno ni vivir de consignas recicladas. Rosario necesita soluciones reales, gestión, inversiones, planificación y seguridad. Y guste o no guste, hoy parte de eso empezó a aparecer.</p><p>Quizás por eso están tan incómodos.</p><p>Porque mientras algunos todavía siguen enamorados del “no”, la ciudad —con errores, contradicciones y discusiones pendientes— empezó lentamente a decir algo mucho más importante: basta.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/D_iwCDR9p9ocpep8w_bQgiGnTu8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/juan_monteverde.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Opinión. Por Mauro Yasprizza.]]>
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                                <updated>2026-05-08T10:46:51+00:00</updated>
                <published>2026-05-08T10:46:48+00:00</published>
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            Empate que maquilla, pero no alcanza: Newell’s cerró sin perder, aunque sigue en deuda
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z3Mv7uQOJJIg7XCT0Ymbq0LpW1s=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/newells_vs_velez_2026.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Mauro Yasprizza.</p><p>El 1-1 ante Vélez Sarsfield dejó una sensación ambigua: la Lepra sumó seis partidos sin caídas, pero volvió a mostrar que, sin gol ni ideas, el futuro todavía es una promesa más que una realidad.</p><p>A Newell’s Old Boys le alcanzó para no perder. No le alcanzó para convencer.</p><p>El empate en Liniers, con goles de Florián Monzón para el local y del siempre oportuno Juan Ignacio Ramírez para la Lepra, dejó un cierre de torneo que se puede leer de dos maneras: el vaso medio lleno del invicto de seis partidos… o el medio vacío de un equipo que todavía no sabe bien a qué juega.</p><p>Porque sí, los números están. Tres triunfos, tres empates, una racha que en otro contexto se aplaudiría de pie. Pero la cancha cuenta otra historia. Una más áspera, más incómoda. Una donde Newell’s arranca dormido, reacciona tarde y depende demasiado de arrestos individuales.</p><p>En Liniers volvió a pasar. Vélez pegó primero, como casi siempre le pasa a este Newell’s frágil de entrada. Y otra vez apareció Ramírez, ese delantero que hace goles entrando desde el banco, como si el área fuera su zona de confort y no importara cuándo le toque jugar. Tres goles en tres partidos, siempre como suplente. Un dato que explica más de lo que parece: hoy, el equipo necesita soluciones desde afuera.</p><p>Después, la Lepra fue de menos a más. Empujó, insinuó, hasta coqueteó con ganarlo. Pero se quedó en eso: insinuaciones. Y en el fútbol argentino, las insinuaciones no suman puntos.</p><p>Ahora viene lo importante de verdad. No el empate, no el invicto, no el cierre “decoroso”. Lo que viene son 74 días donde se juega otro campeonato: el de armar un equipo serio.</p><p>Y ahí la pelota la tiene uno solo: Frank Darío Kudelka.</p><p>Kudelka ordenó. Le bajó el pulso al caos que venía siendo Newell’s. Logró algo básico pero necesario: que el equipo deje de perder. Pero eso no alcanza. No en Rosario. No en un club que vive con la urgencia pegada a la piel.</p><p>Ahora tiene que dar el salto. Y ese salto no es táctico, es estructural.</p><p>Necesita, como mínimo, cuatro refuerzos. Pero no para completar la planilla: para cambiarle la cara al equipo. Un defensor que mande, un volante que piense y dos atacantes que pesen. Jugadores que no se escondan cuando la cosa se pone fea.</p><p>Y lo más importante: esas incorporaciones van a llevar su firma. No hay excusas. No hay herencias. No hay “lo que quedó”. Este Newell’s que viene será, en gran parte, el Newell’s de Kudelka.</p><p>El empate en Liniers, entonces, es apenas una postal. Una foto que no define nada.</p><p>Porque la verdadera historia empieza ahora.</p><p>Y esta vez, no alcanza con empatar.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z3Mv7uQOJJIg7XCT0Ymbq0LpW1s=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/newells_vs_velez_2026.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Opinión. Por Mauro Yasprizza.]]>
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                                <updated>2026-05-05T11:13:26+00:00</updated>
                <published>2026-05-05T11:13:24+00:00</published>
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            Newell’s empató sin brillo en el Coloso: reaccionó tarde y salvó un punto que dejó más dudas que certezas
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                <![CDATA[Rosario Nuestro ]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2toY6gUiN01-HDID9AUA9uPP1kA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/newells_ramirez.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Newell’s rescató un punto sobre la hora en el Coloso, pero el empate dejó un sabor raro. El 1-1 frente a Instituto terminó siendo justo, aunque pobre. La Lepra tuvo la pelota, intentó jugar, pero nunca logró hacer daño en el área. Y eso, a esta altura, ya no es casualidad: es un problema repetido.</p><p>El partido arrancó con un libreto claro. Instituto se plantó bien atrás, ordenado, esperando el error para salir rápido. Newell’s, en cambio, tomó la iniciativa y fue al frente, como quien camina al centro del ring. Pero pegó poco. O mejor dicho: no pegó nunca.</p><p>En el primer tiempo, el equipo de Kudelka manejó la pelota en tres cuartos, buscó abrir la cancha y desbordar, pero todo terminó igual: centros sin destino. Algunos mal tirados, otros directamente a las manos de Roffo. En el área, nadie. Cócaro peleó más de lo que jugó y perdió casi siempre contra Mosevich, Massachetti o Galván.</p><p>Instituto, con mucho menos, fue más claro. Apostó a la contra y ahí hizo daño. La velocidad de John Córdoba complicó a la defensa leprosa en más de una ocasión. A los 27 minutos tuvo la más clara: le ganó en velocidad a Noguera, armó una contra limpia y definió, pero respondió bien Reinatti. Fue la única jugada realmente peligrosa de toda la primera parte. Y fue de la visita.</p><p>El resto fue un cúmulo de intentos fallidos de Newell’s. Mucho dibujo, poco peso. Mucha intención, cero contundencia.</p><p>Y en el medio, el arbitraje. Flojo, desprolijo, incómodo. Una jugada marcó el clima: primero expulsión, después revisión del VAR y cambio a amarilla. El estadio explotó. La bronca bajó de las tribunas como un grito ya conocido. No fue solo esa jugada: el árbitro nunca transmitió seguridad y terminó siendo parte del problema.</p><p>El segundo tiempo no cambió demasiado el panorama. Instituto siguió cómodo en su plan y encontró la ventaja tras un gol en contra de Salcedo. Newell’s volvió a chocar contra sus propias limitaciones. Tuvo la pelota, sí, pero sin profundidad ni sorpresa.</p><p>Hasta que apareció el Colo Ramírez. Sobre el final, cuando el partido ya se caía, empujó el empate y evitó una derrota que hubiera sido difícil de digerir.</p><p>El 1-1 cerró un partido discreto, de bajo vuelo, con dos equipos que no lograron imponerse. Instituto hizo su negocio y Newell’s volvió a mostrar lo de siempre: intención sin resolución.</p><p>El punto suma para la racha —ya son cinco sin perder—, pero no alcanza para maquillar lo evidente. A este equipo le falta peso en el área, le falta decisión y le falta algo más incómodo de admitir: personalidad para ejecutar lo que intenta.</p><p>En el Parque, esta vez, no alcanzó con tener la pelota. Porque cuando la tuvo, nadie dijo presente.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2toY6gUiN01-HDID9AUA9uPP1kA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/newells_ramirez.png" class="type:primaryImage" /></figure>Opinión, por Mauro Yasprizza. La Lepra igualó 1-1 ante Instituto en el Parque de la Independencia. Lo perdía por un gol en contra de Salcedo y lo empató sobre el final con el Colo Ramírez. Sumó, pero no convenció.]]>
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                                <updated>2026-04-27T01:35:07+00:00</updated>
                <published>2026-04-26T23:21:48+00:00</published>
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            Amenazas que salen caras: la Provincia pasa la factura y pone el foco en la responsabilidad familiar
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                <![CDATA[Rosario Nuestro ]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KowAm5HSbcwMQjvi2V5UqsExtLg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/amenazas_escuelas.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Mauro Yasprizza.</p><p>El Gobierno de Santa Fe decidió avanzar con una medida que busca marcar un antes y un después: empezará a cobrarle a los padres los costos de los operativos que se activan ante falsas amenazas en escuelas. La decisión quedó formalizada a través de la Directiva N° 05/2026, firmada por el ministro de Justicia y Seguridad, Pablo Cococcioni, que instruye a iniciar acciones administrativas y judiciales para recuperar el dinero que el Estado destina a cada intervención.</p><p>No se trata de cifras menores. Según datos oficiales, cada operativo tiene un costo base de entre 5 y 6 millones de pesos, aunque puede ser mayor dependiendo del despliegue. Solo entre el 16 y el 21 de abril se registraron 158 intervenciones en toda la provincia por amenazas en ámbitos educativos. Detrás de esos números, hay un dato que preocupa: los responsables identificados hasta ahora son menores de edad.</p><p>A partir de esa realidad, el Estado apunta a los adultos responsables. El procedimiento es claro: una vez identificado el autor, se inicia un expediente, se calculan los costos y se envía una intimación de pago a sus padres o tutores. Si no cumplen, el caso pasa a la órbita judicial, con posibles reclamos que incluyen intereses y gastos adicionales.</p><p>La decisión abre un debate necesario y, a la vez, incómodo. Porque corre el eje: ya no se trata solo de un problema de seguridad o de una travesura adolescente. La Provincia busca instalar la idea de que estas acciones tienen consecuencias concretas, no solo en lo penal sino también en lo económico.</p><p>El mensaje oficial es contundente: “No son bromas”. Cada falsa amenaza moviliza patrulleros, personal especializado, ambulancias y protocolos de emergencia que dejan de estar disponibles para situaciones reales. En un contexto donde los recursos son limitados, el impacto es directo y tangible.</p><p>Pero más allá del aspecto económico, la medida interpela a las familias. Pone sobre la mesa una discusión de fondo: el rol de los adultos en la formación y el control de los chicos. La decisión de cobrar los operativos no busca solo recuperar dinero, sino también generar un efecto disuasivo.</p><p>En tiempos donde las amenazas falsas se multiplican y generan alarma social, la Provincia eligió endurecer su postura. La pregunta que queda flotando es si el bolsillo será el límite que logre frenar lo que, hasta ahora, muchos consideraban apenas una “broma”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KowAm5HSbcwMQjvi2V5UqsExtLg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/amenazas_escuelas.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Opinión, por Mauro Yasprizza.]]>
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                                <updated>2026-04-23T11:34:51+00:00</updated>
                <published>2026-04-23T11:34:50+00:00</published>
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            Monteverde, Tepp y la “renovación” que huele a lo mismo de siempre
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        <link rel="alternate" href="https://www.rosarionuestro.com/monteverde-tepp-y-la-renovacion-que-huele-a-lo-mismo-de-siempre" type="text/html" title="Monteverde, Tepp y la “renovación” que huele a lo mismo de siempre" />
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                <![CDATA[Rosario Nuestro]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0Uzog4splAldgN0Mo77Evn7YI9U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2025/08/juan_monteverde_caren_tepp.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Mauro Yasprizza</p><p>Denuncias judiciales, alianzas incómodas y contradicciones políticas rodean a Ciudad Futura, una fuerza que prometió cambiar la política rosarina pero hoy acumula cuestionamientos que erosionan su credibilidad de cara al 2027</p><p>En la política rosarina, el concepto de “renovación” suele ser una palabra que envejece rápido. Y en el caso de Juan Monteverde y Caren Tepp, ese desgaste parece haberse acelerado más de lo previsto.</p><p>Lo que alguna vez se presentó como una alternativa fresca, ajena a las viejas prácticas del poder, hoy transita una zona gris, atravesada por denuncias, silencios y decisiones políticas que chocan de frente con aquel discurso fundacional. La caída de ese relato no es súbita: es progresiva, acumulativa y, sobre todo, incómoda.</p><p>En el plano judicial y político, el espacio Ciudad Futura terminó envuelto en cuestionamientos que golpean en el corazón de su identidad. La propia Tepp quedó salpicada por una denuncia vinculada a presuntas irregularidades en el manejo de fondos de campaña, un episodio que provocó un repliegue notorio del espacio y un llamativo silencio público. &nbsp;</p><p>Pero ese no es el único frente abierto. En paralelo, crecieron versiones y presentaciones que apuntan a la utilización de recursos provenientes de una ONG vinculada a las inundaciones en Santa Fe para financiar actividades proselitistas, una acusación que, aunque aún en disputa política y mediática, golpea donde más duele: en la ética que el propio espacio supo enarbolar. &nbsp;</p><p>A esto se suma una contradicción difícil de disimular: la alianza política con sectores tradicionales del peronismo, entre ellos el senador Armando Traferri, figura históricamente cuestionada en la provincia. El acuerdo, que buscó volumen electoral, terminó generando ruido interno y externo, al punto de ser señalado como una muestra clara de que la “nueva política” no dudó en abrazar a la vieja cuando le resultó conveniente. &nbsp;</p><p>La tensión no es solo discursiva. También es territorial. Episodios como la polémica por la usurpación de un tambo en los orígenes del espacio, o las denuncias por presuntas condiciones laborales irregulares en el búnker conocido como Distrito 7, resurgen cada vez que Ciudad Futura intenta pararse en un pedestal moral. No son hechos aislados: son antecedentes que construyen una narrativa.</p><p>Y en el plano ideológico, la incomodidad es aún mayor. Las simpatías expresadas por referentes del espacio hacia gobiernos como los de Nicolás Maduro, Evo Morales o Rafael Correa no pasan desapercibidas en un electorado cada vez más escéptico frente a los discursos cerrados. En una Rosario golpeada por la inseguridad, la crisis económica y la desconfianza institucional, esas definiciones pesan.</p><p>Monteverde quiso ser el intérprete de una época. Pero hoy parece atrapado en una lógica que criticaba: acuerdos por conveniencia, silencios estratégicos y explicaciones que no llegan. La política, como la gravedad, siempre termina cayendo sobre sus propias contradicciones.</p><p>De cara al 2027, cuando Rosario vuelva a elegir intendente, la pregunta no será solo quién propone el mejor futuro. Será, sobre todo, quién puede explicar su pasado sin titubear.</p><p>Porque en política, como en la vida, no alcanza con prometer ser distinto.Hay que demostrarlo.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0Uzog4splAldgN0Mo77Evn7YI9U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2025/08/juan_monteverde_caren_tepp.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Mauro YasprizzaDenuncias judiciales, alianzas incómodas y contradicciones políticas rodean a Ciudad Futura, una fuerza que prometió cambiar la pol...]]>
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                                <updated>2026-04-13T19:20:07+00:00</updated>
                <published>2026-04-12T20:25:26+00:00</published>
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            Explota el escándalo en Newell&#039;s: una auditoría pone a Marcos Cleri en el centro de un millonario agujero
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                <![CDATA[Rosario Nuestro ]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/UDcpDYV3guyxmAce-owt1m9U3b0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/marcos_cleri.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Mauro Yasprizza.</p><p>Un informe interno de la nueva dirigencia detectó presuntas maniobras financieras por más de $278 millones que habrían perjudicado al club. El caso apunta al ex diputado camporista y abre la puerta a acciones judiciales en medio de una crisis económica delicada.</p><p>La auditoría impulsada por la actual Comisión Directiva de Newell’s Old Boys sacó a la superficie un capítulo explosivo de la gestión anterior: un esquema financiero bajo sospecha que habría generado un perjuicio superior a los 278 millones de pesos para la institución.</p><p>El documento clave es el acta Nº15, fechada el 11 de diciembre de 2025, donde la dirigencia saliente dejó asentada, de manera unánime, la necesidad de avanzar con acciones judiciales para intentar recuperar los fondos. En ese marco, la lupa se posa sobre Marcos Cleri —abogado, profesor de Derecho Político y ex diputado nacional por Santa Fe durante más de una década—, señalado como uno de los principales actores de la operatoria.</p><p>Según la reconstrucción que surge de la auditoría, el origen del vínculo se dio a partir de una propuesta para estructurar herramientas de financiamiento en el mercado de capitales. La iniciativa contemplaba la emisión de Obligaciones Negociables (ON), una vía utilizada por algunos clubes para captar recursos. Sin embargo, ese esquema nunca llegó a concretarse.</p><p>En su lugar, se habría desplegado un mecanismo alternativo basado en la emisión de cheques electrónicos de pago diferido. Fueron, según el informe, 20 cheques por 25 millones de pesos cada uno, respaldados por facturación de la Cooperativa de Trabajo El Pueblo Ltda. Lo que debía convertirse en liquidez para el club terminó, presuntamente, en manos de los propios intermediarios de la operatoria.</p><p>Ahí radica el núcleo del conflicto: el dinero no habría ingresado a las arcas rojinegras en los términos esperados, dejando un pasivo significativo en una institución ya golpeada por deudas que oscilan entre los 35 y 40 millones de dólares.</p><p>El dato no es menor. En un club que discute cada peso para sostener su funcionamiento, una cifra de estas características no solo impacta en lo económico, sino que también erosiona la confianza institucional. Y es ahí donde la figura de Cleri —referente de peso de La Cámpora en Santa Fe y actor político de larga trayectoria— queda expuesta a una crítica inevitable: la distancia entre el discurso público y la práctica concreta cuando se trata de administrar recursos ajenos.</p><p>Porque mientras se declaman modelos de gestión “con sentido social” y se cuestionan esquemas privados en el fútbol, los papeles internos del club describen una operatoria que, lejos de fortalecer a Newell’s, lo habría dejado más debilitado.</p><p>La auditoría, a cargo de los abogados Roberto Baravalle y Maillén Obaid, continúa en curso y se esperan conclusiones para fines de abril. Hasta entonces, el caso se mantiene en una zona gris que podría derivar en una ofensiva judicial si se consolidan las irregularidades detectadas.</p><p>En paralelo, la conducción encabezada por Ignacio Boero enfrenta un dilema: avanzar a fondo con las denuncias o evitar reabrir frentes que profundicen la crisis institucional. Pero con estos números sobre la mesa, el margen para mirar hacia otro lado parece cada vez más estrecho.</p><p>Newell’s, otra vez, queda atrapado en una historia que no se juega en la cancha. Y que, como tantas otras, deja más preguntas que respuestas.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/UDcpDYV3guyxmAce-owt1m9U3b0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://rosarionuestrocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/marcos_cleri.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Opinión. Por Mauro Yasprizza.]]>
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                <published>2026-04-10T10:39:38+00:00</published>
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